Autor: GABY | 14 Septiembre 2016

SER INTELIGENTES Y AUDACES POR EL REINO DE DIOS

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Como en otras ocasiones, en esta parábola Dios se convierte en el único Señor capaz de misericordia y perdón y por eso es el único al que merece la pena servir. Entusiasmados/as por esta Buena Noticia solo es posible actuar con los demás del mismo modo y vivir con la misma pasión y audacia de aquellos que inteligentemente buscan salir de una situación comprometida, pero con una razón diferente: impulsar el Reino y su justicia… responder a Dios padre y madre que ha puesto su confianza en nosotras/os para a su lado cambiar el mundo.

Esta parábola, aunque dirigida a los discípulos/as, está en el contexto más amplio de la confrontación de Jesús con los fariseos, caracterizados por Lucas como avaros y predispuestos a ridiculizar las enseñanzas de Jesús.

El relato nos presenta la historia de un propietario rico que tiene un administrador que gestiona sus propiedades, pero que ha abusado de su confianza. La narración nos sitúa en la realidad socio-económica de la Palestina romana del siglo I cuyas peculiaridades nos pueden ayudar a entender no solo los detalles de la narración, sino el cómo y por qué Jesús la presenta a sus compañeros/as.

Contexto socio-económico de la parábola

Los administradores que gestionaban las propiedades de un señor tenían autoridad para negociar en nombre de su amo. Generalmente su sueldo procedía de las comisiones que recibían por las transacciones realizadas, aunque, especialmente en el caso de los préstamos podían recibir de los deudores un pago “bajo cuerda” para favorecer un buen trato su parte. En la ley tradicional israelita la mala gestión el administrador suponía su inmediato despido y un castigo ejemplar, que podía incluir la cárcel obligándoles a restituir lo perdido, pues para el mundo antiguo una actuación de este tipo suponía además de pérdidas económicas, un daño al honor de su amo.

En el caso de nuestra parábola sorprende que el castigo solo sea el despido y no haya ningún otro tipo de sanción permitiendo que el administrador pueda plantearse la búsqueda de otro trabajo. El administrador para recuperar la normalidad de su vida intenta buscar el favor de otra persona antes de que se haga público su despido (Lc 16,4). Las sociedades del mediterráneo del siglo I basaban sus interacciones en el sistema de patronazgo que se constituía a través de relaciones de reciprocidad entre gente de distinto nivel social: una persona de clase inferior que está en apuros (llamada cliente) hace frente a sus necesidades recurriendo a los favores de una persona de estatus superior, ben situada (llamada patrón).  Al recibir el favor, el cliente promete implícitamente devolvérselo al patrón cuando y como éste lo determine. Al conceder un favor, el patrón promete a su vez implícitamente estar abierto a ulteriores peticiones, en momentos no especificados. (Bruce J. Malina, Richard L. Rohrbaugh, Los Evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I : comentario desde las ciencias sociales , Verbo Divino 1996, 399-400).

El empleado cuando se le exige que presente sus cuentas lo lleva a cabo de tal manera que le permita favorecer a los arrendatarios de su amo de modo que puedan constituirse en sus posibles patronos futuros. Su estrategia es actuar en nombre de su amo reduciendo la deuda a la mitad y así canjearse el favor de los deudores que podrían acogerlo en sus casas y favorecerlo lo que le permitiría mantener su status y asegurar su subsistencia. Además, la sagacidad de su actuación le permitirá favorecer también el honor del Señor al que servía. El amo había sido bueno con él al no castigarlo severamente, pero ha de aceptar su última gestión: Si no asume las reducciones de las deudas que gestionó su administrador la gente lo considerará falto de honor, pero si la acepta, aun perdiendo bienes, se le alabará por su generosidad. Dada la importancia de la estima publica que existía en estas sociedades, el amo seguramente optará por aceptar y de este modo ambos saldrán beneficiados.

Jesús como narrador de la parábola

En la narración de la parábola llama la atención Jesús al presentar esta situación, ficticia pero familiar a sus oyentes está buscando provocar su reacción ante la actuación de los personajes.  En primer lugar, llama la atención la misericordia del amo con su empleado al que solo expulsa sin añadirle ningún otro castigo además de alabar su conducta inteligente. Lo inusual de este comportamiento permite a Jesús visibilizar dos realidades para el muy importantes. Por un lado, sin duda está pensando en Dios cuando describe al propietario y por eso lo presenta actuando con justicia y sin venganza.  Por otro, el administrador se convierte en modelo de actuación para sus discípulos/as recordándoles que, para caminar por los senderos del reino, también hay que ser inteligentes y audaces. Esta perspectiva del relato es provocadora, pero eso es lo que Jesús con frecuencia pretende con sus parábolas, despertar las conciencias, cuestionar y provocar el cambio.

El final de la parábola (Lc  9-13) es claramente un añadido posterior que interpreta de una forma concreta el relato y que se construye a partir de una serie de sentencias que intentan clarificar el sentido del texto y suavizar su provocación.  De este modo se resaltan consecuencias de tipo ético, como son la honestidad y la fidelidad, pero visibilizando los aspectos sociales y sus implicaciones teológicas.

Jesús, en su mensaje sobre el reino de Dios invita con frecuencia a romper con las reglas habituales de conducta en su sociedad, pero no por una simple razón de contraculturalidad, sino porque muchas veces esas normas se sustentan en creencias religiosas que sitúan a Dios del lado de los ricos y poderosos justificando así la injusticia con los/as más desfavorecidos/as. La provocación quiere mostrar plásticamente que Dios no entra en ese juego, sino que por el contrario está siempre del lado de los y las que no tienen quien los/as defienda y los/as acoja.

Como en otras ocasiones, en esta parábola Dios se convierte en el único Señor capaz de misericordia y perdón y por eso es el único al que merece la pena servir. Entusiasmados/as por esta Buena Noticia solo es posible actuar con los demás del mismo modo y vivir con la misma pasión y audacia de aquellos que inteligentemente buscan salir de una situación comprometida, pero con una razón diferente: impulsar el Reino y su justicia… responder a Dios padre y madre que ha puesto su confianza en nosotras/os para a su lado cambiar el mundo.

 

Carmen Soto

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