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Posted by lluvia | 8 Julio 2017

ALGUNOS ACONTECIMIENTOS EN EL CONTEXTO DE LOS 70 ANIVERSARIOS

Posted by lluvia | 8 Julio 2017

LOGO DE LOS 7O ANIVERSARIO

LOGO 70 ANIVERSARIO

Posted by lluvia | 7 Abril 2017

EJERCICIOS ESPIRITUALES POR LOS 70 ANIVERSARIO MEMI.

Posted by lluvia | 3 Abril 2017

ORACIÓN POR NUESTROS 70 AÑOS DE FUNDACIÓN MEMI

7O ANIVERSARIO

 

 

 

 

ORACION POR NUESTROS 70 AÑOS DE FUNDACIÓN MEMI

 

Dios Padre y Madre, Tú que inspirante a nuestro Fundador

Ignacio de Alba Y Hernández, para que evangelizáramos preferentemente a los niños y a los pobres,

desde esta Congregación

de Misioneras Eucarísticas de María Inmaculada

danos perseverancia y renueva nuestra  pasión por tu Reino.

 

Al celebrar los 70 años de vida misionera,

agradecemos Tu amoroso acompañamiento

en el proceso congregacional,

Desde cada uno de los lugares donde hemos realizado

la misión evangelizadora,

Te ofrecemos nuestros esfuerzos, logros, fragilidades y carencias.

 

Nos sentimos invitadas por Ti a seguir siendo

promotoras de vida digna.

Fortalece  en nosotras el amor y cuidado por la Casa Común

y  los más desprotegidos de nuestra sociedad,

que estemos siempre abiertas y dispuestas a construir

un mundo que promueva la paz y la justicia.

 

Concédenos estar a la escucha de tu palabra en actitud de discípulas,  centrando nuestra vida en Jesús

y resignificando nuestra vida comunitaria,

favoreciendo procesos de dignificación y humanización.

Danos docilidad a tu Espíritu y sabiduría para discernir

las realidades de hoy.

María Inmaculada, mujer de  encuentros fecundos, que como tú, tengamos la osadía de salir  aprisa al encuentro de la vida;

alienta nuestra esperanza para asumir los retos y desafíos

del momento  histórico que nos toca vivir.

Confiamos a tu corazón de madre estos 70 años

y nos consagramos a ti.

Amén.

CUIDADORAS DE LA CASA COMUN.

 

Posted by lluvia | 3 Abril 2017

ORACIÓN POR NUESTROS 70 AÑOS DE FUNDACIÓN MEMI. 1947 _ 2017

Posted by lluvia | 31 Marzo 2017

EL PAPA FRANCISCO: DESAFÍO PARA EL SERVICIO EVANGÉLICO DE LA AUTORIDAD

El papa Francisco: un desafío para el servicio evangélico de la autoridad.

Saber ejercer siempre la autoridad acompañando, comprendiendo, ayudando, amando, abrazando a todos y a todas, especialmente a las personas que se sienten solas, excluidas, áridas; las periferias existenciales del corazón humano. Mantengamos la mirada dirigida a la Cruz: allí se coloca toda autoridad en la Iglesia, donde Aquel que es el Señor se hace siervo hasta la entrega total de sí.

Los gestos y las enseñanzas del papa Francisco nos invitan a una conversión en nuestro servicio a las hermanas en tres áreas:
Conversión de las actitudes personales.

  1. a) Un servicio centrado en lo esencial: Lo esencial es Jesucristo, el testimonio del Evangelio según el propio carisma. Sostener a nuestras hermanas en su caminar hacia el Señor. Vivir el discipulado para realizar nuestra misión. Poner en el centro a la persona.
  2. b) Un servicio que tiene su autoridad moral en la autenticidad: Nuestra credibilidad está ligada a la correspondencia de las palabras y los gestos con la verdad de la vida. Cuidar nuestra libertad interior. Testimoniar un estilo de vida simple, humilde y gozoso.
  3. c) Un servicio que se expresa con profunda humanidad: Expresar ternura, sobre todo hacia los y las más vulnerables. Reconocer nuestros pecados y límites. No pretender tener siempre respuestas para todo y para todas. Buscar pacientemente la verdad junto con las y los

CONVERSIÓN DE LAS RELACIONES.
a) Un servicio que sabe expresarse en un modo simple y directo: Escuchar mucho para aprender las palabras que los demás comprenden. Cuidar la comunicación y su pedagogía. Usar un lenguaje actual, con palabras que toquen el corazón de las personas.

  1. b) Un servicio que es un caminar con las hermanas: Caminar con ellas, para abrir el camino e indicar la meta; caminar detrás de ellos, al paso del más débil, para que ninguno se pierda; caminar en medio a ellas, en el común compromiso de fidelidad a la vocación.
  2. c) Un servicio que busca la voluntad de Dios junto con las hermanas: El discernimiento y la colegialidad hacen crecer la comunión. El discernimiento exige paciencia y tiempo, escucha y diálogo, libertad interior, espíritu de fe y valor para asumir las decisiones.

CONVERSIÓN DE LAS PROSPECTIVAS Y DEL ESTILO DE LA MISIÓN.


  1. a) Un servicio profético: Acoger y hacer acoger los signos que nos invitan al cambio. Expresar profecía, visión de futuro, cercanía con los pobres. Vivir y testimoniar la sororidad, que nos une a los demás y nos ayuda a superar la tentación del clericalismo.
  2. b) Un servicio que tiene el coraje de salir y hacer salir: Ir hacia las periferias geográficas y existenciales, en un vital dinamismo de salida, en un estado permanente de misión, liberándonos de toda forma de rigidez institucional y de autorreferencialidad.
  3. c) Un servicio que expresa y difunde la cultura del encuentro: Vivir y promover la cultura del encuentro como estilo de vida y de misión, con gestos de cercanía especialmente hacia los últimos, los débiles, los enfermos, que son la carne de Cristo entre nosotras.
  4. d) Un servicio gozoso, portador de esperanza: Reavivar la esperanza de las hermanas, calentar sus corazones. Valor para abrir caminos nuevos, arriesgándonos a lo desconocido con fe y esperanza, en fidelidad creativa al carisma y a la audacia de nuestro fundador.
    La manera como el papa Francisco está ejerciendo el servicio evangélico de la autoridad nos llevó a revisar cómo lo estamos realizando nosotras. Para ello, personalmente nos preguntamos: ¿Cómo vivo estos puntos fuerza? ¿Cómo quiero vivirlos?

Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México.

Posted by GABY | 14 Septiembre 2016

SER INTELIGENTES Y AUDACES POR EL REINO DE DIOS

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Como en otras ocasiones, en esta parábola Dios se convierte en el único Señor capaz de misericordia y perdón y por eso es el único al que merece la pena servir. Entusiasmados/as por esta Buena Noticia solo es posible actuar con los demás del mismo modo y vivir con la misma pasión y audacia de aquellos que inteligentemente buscan salir de una situación comprometida, pero con una razón diferente: impulsar el Reino y su justicia… responder a Dios padre y madre que ha puesto su confianza en nosotras/os para a su lado cambiar el mundo.

Esta parábola, aunque dirigida a los discípulos/as, está en el contexto más amplio de la confrontación de Jesús con los fariseos, caracterizados por Lucas como avaros y predispuestos a ridiculizar las enseñanzas de Jesús.

El relato nos presenta la historia de un propietario rico que tiene un administrador que gestiona sus propiedades, pero que ha abusado de su confianza. La narración nos sitúa en la realidad socio-económica de la Palestina romana del siglo I cuyas peculiaridades nos pueden ayudar a entender no solo los detalles de la narración, sino el cómo y por qué Jesús la presenta a sus compañeros/as.

Contexto socio-económico de la parábola

Los administradores que gestionaban las propiedades de un señor tenían autoridad para negociar en nombre de su amo. Generalmente su sueldo procedía de las comisiones que recibían por las transacciones realizadas, aunque, especialmente en el caso de los préstamos podían recibir de los deudores un pago “bajo cuerda” para favorecer un buen trato su parte. En la ley tradicional israelita la mala gestión el administrador suponía su inmediato despido y un castigo ejemplar, que podía incluir la cárcel obligándoles a restituir lo perdido, pues para el mundo antiguo una actuación de este tipo suponía además de pérdidas económicas, un daño al honor de su amo.

En el caso de nuestra parábola sorprende que el castigo solo sea el despido y no haya ningún otro tipo de sanción permitiendo que el administrador pueda plantearse la búsqueda de otro trabajo. El administrador para recuperar la normalidad de su vida intenta buscar el favor de otra persona antes de que se haga público su despido (Lc 16,4). Las sociedades del mediterráneo del siglo I basaban sus interacciones en el sistema de patronazgo que se constituía a través de relaciones de reciprocidad entre gente de distinto nivel social: una persona de clase inferior que está en apuros (llamada cliente) hace frente a sus necesidades recurriendo a los favores de una persona de estatus superior, ben situada (llamada patrón).  Al recibir el favor, el cliente promete implícitamente devolvérselo al patrón cuando y como éste lo determine. Al conceder un favor, el patrón promete a su vez implícitamente estar abierto a ulteriores peticiones, en momentos no especificados. (Bruce J. Malina, Richard L. Rohrbaugh, Los Evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I : comentario desde las ciencias sociales , Verbo Divino 1996, 399-400).

El empleado cuando se le exige que presente sus cuentas lo lleva a cabo de tal manera que le permita favorecer a los arrendatarios de su amo de modo que puedan constituirse en sus posibles patronos futuros. Su estrategia es actuar en nombre de su amo reduciendo la deuda a la mitad y así canjearse el favor de los deudores que podrían acogerlo en sus casas y favorecerlo lo que le permitiría mantener su status y asegurar su subsistencia. Además, la sagacidad de su actuación le permitirá favorecer también el honor del Señor al que servía. El amo había sido bueno con él al no castigarlo severamente, pero ha de aceptar su última gestión: Si no asume las reducciones de las deudas que gestionó su administrador la gente lo considerará falto de honor, pero si la acepta, aun perdiendo bienes, se le alabará por su generosidad. Dada la importancia de la estima publica que existía en estas sociedades, el amo seguramente optará por aceptar y de este modo ambos saldrán beneficiados.

Jesús como narrador de la parábola

En la narración de la parábola llama la atención Jesús al presentar esta situación, ficticia pero familiar a sus oyentes está buscando provocar su reacción ante la actuación de los personajes.  En primer lugar, llama la atención la misericordia del amo con su empleado al que solo expulsa sin añadirle ningún otro castigo además de alabar su conducta inteligente. Lo inusual de este comportamiento permite a Jesús visibilizar dos realidades para el muy importantes. Por un lado, sin duda está pensando en Dios cuando describe al propietario y por eso lo presenta actuando con justicia y sin venganza.  Por otro, el administrador se convierte en modelo de actuación para sus discípulos/as recordándoles que, para caminar por los senderos del reino, también hay que ser inteligentes y audaces. Esta perspectiva del relato es provocadora, pero eso es lo que Jesús con frecuencia pretende con sus parábolas, despertar las conciencias, cuestionar y provocar el cambio.

El final de la parábola (Lc  9-13) es claramente un añadido posterior que interpreta de una forma concreta el relato y que se construye a partir de una serie de sentencias que intentan clarificar el sentido del texto y suavizar su provocación.  De este modo se resaltan consecuencias de tipo ético, como son la honestidad y la fidelidad, pero visibilizando los aspectos sociales y sus implicaciones teológicas.

Jesús, en su mensaje sobre el reino de Dios invita con frecuencia a romper con las reglas habituales de conducta en su sociedad, pero no por una simple razón de contraculturalidad, sino porque muchas veces esas normas se sustentan en creencias religiosas que sitúan a Dios del lado de los ricos y poderosos justificando así la injusticia con los/as más desfavorecidos/as. La provocación quiere mostrar plásticamente que Dios no entra en ese juego, sino que por el contrario está siempre del lado de los y las que no tienen quien los/as defienda y los/as acoja.

Como en otras ocasiones, en esta parábola Dios se convierte en el único Señor capaz de misericordia y perdón y por eso es el único al que merece la pena servir. Entusiasmados/as por esta Buena Noticia solo es posible actuar con los demás del mismo modo y vivir con la misma pasión y audacia de aquellos que inteligentemente buscan salir de una situación comprometida, pero con una razón diferente: impulsar el Reino y su justicia… responder a Dios padre y madre que ha puesto su confianza en nosotras/os para a su lado cambiar el mundo.

 

Carmen Soto

Posted by GABY | 14 Septiembre 2016

DINERO José Antonio Pagola

Corazón de dinero

Corazón de dinero

La sociedad que conoció Jesús era muy diferente a la nuestra.  Solo las familias poderosas de Jerusalén y los grandes terratenientes de Tiberíades podían acumular monedas de oro y plata. Los campesinos apenas podían hacerse con alguna moneda de bronce o cobre, de escaso valor. Muchos vivían sin dinero, intercambiándose productos en un régimen de pura subsistencia.

En esta sociedad, Jesús habla del dinero con una frecuencia sorprendente. Sin tierras ni trabajo fijo, su vida itinerante de profeta dedicado a la causa de Dios le permite hablar con total libertad. Por otra parte, su amor a los pobres y su pasión por la justicia de Dios lo urgen a defender siempre a los más excluidos.

Habla del dinero con un lenguaje muy personal. Lo llama espontáneamente «dinero injusto» «riquezas injustas». Al parecer, no conoce «dinero limpio». La riqueza de aquellos poderosos es injusta porque ha sido amasada de manera injusta y porque la disfrutan sin compartirla con los pobres y hambrientos.

¿Qué pueden hacer quienes poseen estas riquezas injustas? Lucas ha conservado unas palabras curiosas de Jesús. Aunque la frase puede resultar algo oscura por su concisión, su contenido no ha de caer en el olvido.«Yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas».

Jesús viene a decir así a los ricos: «Emplead vuestra riqueza injusta en ayudar a los pobres; ganaos su amistad compartiendo con ellos vuestros bienes. Ellos serán vuestros amigos y, cuando en la hora de la muerte el dinero no os sirva ya de nada, ellos os acogerán en la casa del Padre». Dicho con otras palabras: la mejor forma de «blanquear» el dinero injusto ante Dios es compartirlo con sus hijos más pobres.

Sus palabras no fueron bien acogidas. Lucas nos dice que «estaban oyendo estas cosas unos fariseos, amantes de las riquezas, y se burlaban de él». No entienden el mensaje de Jesús. No les interesa oírle hablar de dinero. A ellos solo les preocupa conocer y cumplir fielmente la ley. La riqueza la consideran como un signo de que Dios bendice su vida.

Aunque venga reforzada por una larga tradición bíblica, esta visión de la riqueza como signo de bendición no es evangélica. Hay que decirlo en voz alta porque hay personas ricas que de manera casi espontánea piensan que su éxito económico y su prosperidad es el mejor signo de que Dios aprueba su vida.

Un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero: hay un modo de ganar dinero, de gastarlo y de disfrutarlo que es injusto pues olvida a los más pobres.

 

José Antonio Pagola

Posted by GABY | 14 Septiembre 2016

SI NO APRENDO A SER MÁS CON MENOS, EL HEDONISMO FRUSTRARÁ MIS ANHELOS

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Lc 16, 1-13

El capítulo 16 de Lucas comienza indicando que la parábola de administrador infiel va dirigida a los discípulos; pero al final de la narración dice: “estaban oyendo esto los fariseos que son amates del dinero”. Esta frase nos indica la falta de precisión a la hora de determinar los destinatarios de esta parábola y la del rico Epulón que leeremos el domingo que viene. Debemos tener en cuenta que a las primeras comunidades cristianas solo pertenecieron pobres. Solamente a principios del s. II se empezaron a incorporar personas importantes de la sociedad. Si los evangelios se hubieran escrito unos años más tarde, seguramente se hubiera matizado mucho más el lenguaje sobre las riquezas.

Para entrar en la comprensión de la parábola solo hace falta un poco de sentido común. Jesús hablaba para que le entendiera la gente sencilla. Hay explicaciones que me parecen demasiado rebuscadas. Por ejemplo: Que el administrador, cambiando los recibos, no defrauda al amo, sino que renuncia a su propia comisión. No parece verosímil que el administrador se embolsara el 50% de los recibos de su señor. Otra explicación que me parece demasiado alambicada es que el administrador hizo lo que tenía que hacer, es decir, ceder sus bienes a los que no pueden pagar su deuda. Entonces resulta que hace lo que debía hacer por su cuenta el dueño. Por eso es alabado el administrador. En este caso perderían sentido las sentencias finales del relato.

Seguramente Lc ya modifica el relato original, añadiendo el adjetivo de “injusto”, tanto para el administrador, como para el dinero. Este añadido dificulta la interpretación de la parábola. En primer lugar porque no se entiende que se alabe a un injusto. En segundo lugar, porque podemos devaluar el mensaje al pensar que se trata de desautorizar solo la riqueza conseguida injustamente. La riqueza injusta se descalifica por sí misma. En el relato, se trata de la riqueza que, aunque sea “justa”, puede convertirse en dios (ídolo).

Debemos evitar toda demagogia barata. Pero tampoco podemos ignorar el mensaje evangélico. En este tema, ni siquiera la teoría está muy clara. Hoy, menos que nunca, podemos responder con recetas a las exigencias del evangelio. Cada uno tiene que encontrar la manera de actuar con sagacidad para conseguir el mayor beneficio, no para su falso yo sino para su verdadero ser. Si somos sinceros, descubriremos que en nuestra vida, confiamos demasiado en las cosas externas, y demasiado poco en lo que realmente somos. Con frecuencia, servimos al dinero y nos servimos de Dios. Le llamamos Señor, pero el que manda de verdad es el dinero. Justo lo contrario de lo que nos pide Jesús.

Encontramos en los evangelios una diferencia notable con la tradición bíblica. Tanto en todo el AT como en tiempo de Jesús, las riquezas eran consideradas como un don de Dios. Solo los profetas arremeten contra la riqueza que se ha conseguido con injusticia. Este matiz desaparece en los evangelios y se considera la riqueza, sin más, contraria al Reino.

En las parábolas, no hay que tomar al pie de la letra cada uno de los detalles que se narran; hay que entrar en la intención del que la narra. Al contrario que la alegoría, en la parábola se trata de una sola enseñanza que hay que sacar del conjunto del relato. El relato nos obliga a sacar una moraleja que nos haga cambiar de actitud vital. Ésta en concreto, no está invitándome a ser injusto, sino a sentarme y echar cálculos, para elegir lo que de verdad sea mejor para mis auténticos intereses. El administrador calculador, trataba de conseguir ventajas materiales. A nosotros se nos invita a ser sagaces para sacar ventajas espirituales.

No hacen falta muchas cavilaciones para darse cuenta de que ponemos mucho más interés en los asuntos materiales que en los espirituales, no solo por el tiempo que les dedicamos, sino sobre todos por la intensidad de nuestra dedicación. Es lamentable que personas muy inteligentes y con varias carreras, tengan un nivel de conocimientos religiosos propios de un niño de primera comunión. En religión, lo único que se nos exigía era “creer”.

Los hijos de este mundo son más sagaces con su gente que los hijos de la luz. Estafrase explica el sentido de la parábola. No nos invita a imitar la injusticia que el administrador está cometiendo, sino a utilizar la astucia y prontitud con que actúa. Él fue sagaz, porque supo aprovecharse materialmente de la situación. A nosotros se nos pide ser sabios, para aprovecharnos de todo, en orden a una plenitud espiritual. Hoy la diferencia no está entre los hijos del mundo y los hijos de la luz. La diferencia está en la manera que todos los cristianos tenemos de tratar los asuntos mundanos y los asuntos religiosos.

No podéis servir a Dios y al dinero. No está bien traducido. El texto griego dicemamwna. Mammón era un dios cananeo, el dios dinero. No se trata, pues, de la oposición entre Dios y un objeto material, sino de la incompatibilidad entre dos dioses. No podemos pensar que todo el que tiene unos millones en el banco o tiene una finca, está ya condenado. Servir al dinero significaría que toda mi existencia esta orientada a los bienes materiales. Sería tener como objetivo de mi vida el hedonismo, es decir, buscar por encima de todo el placer sensorial y las seguridades que proporcionan las riquezas. Significaría que he puesto en el centro de mi vida, el falso yo y buscar la potenciación y seguridades de ese yo; todo lo que me permita estar por encima del otro y utilizarlo en beneficio propio.

Podemos dar un paso más. A Dios no le servimos para nada. Si algo dejó claro Jesús fue que Dios no quiere siervos sino personas libres. No se trata de doblegarse con sumisión externa, a lo que mande desde fuera un señor poderoso. Se trata de ser fiel al creador, respondiendo a las exigencias de mi ser, desplegando todas las posibilidades de ser. Servir a un dios externo que puede premiarme o castigarme, es idolatría y, en el fondo, egoísmo. Hoy podemos decir que no debemos servir a ningún “dios”. Al verdadero Dios solo se le puede servir, sirviendo al hombre. Aquí está la originalidad del mensaje cristiano. Donde las religiones verdaderas o falsas ponen “Dios”, Jesús pone “hombre”.

Es curioso que ni siquiera cuestionemos que lo que es legal puede no ser justo. Puesto que lo que tengo lo he conseguido legalmente, nadie me podrá convencer de que no es exclusivamente mío. Además, el dinero es injusto, no solo por la manera de conseguirlo, sino por la manera de gastarlo. Las leyes que rigen la economía, están hechas por los ricos para defender sus intereses. No pueden ser consideradas justas por parte de aquellos que están excluidos de los beneficios del progreso. Unas leyes económicas que potencian la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos, mientras grandes sectores de la población viven en la miseria e incluso mueren de hambre, no podemos considerarla justa.

Lo que nos dice el evangelio es una cosa obvia. Nuestra vida no puede tener dos fines últimos, solo podemos tener un “fin último”. Todos los demás objetivos tienen que ser penúltimos, es decir, orientados al último (haceros amigos con el dinero injusto). No se trata de rechazar esos fines intermedios, sino de orientarlos todos a la última meta. La meta debe ser “Dios”. Entre comillas por lo que decíamos más arriba. La meta es la plenitud, que para el hombre solo puede estar en lo trascendente, en lo divino que hay en él.

Ganaros amigos con el dinero injusto. Es una invitación a poner todo lo que tenemos al servicio de lo que vale de veras, nuestro verdadero ser, también la riqueza material que nos pertenece.Utilizamos con sabiduría el dinero injusto, cuando compartimos con el que pasa necesidad. Lo empleamos sagazmente, pero en contra nuestra, cuando acumulamos riquezas a costa de los demás. Nunca podremos actuar como dueños absolutos de lo que poseemos. Somos simples administradores. Hace poco tiempo oí a De Lapierre decir: Lo único que se conserva es lo que se da. Lo que no se da, se pierde.

 

Meditación-contemplación

No podéis servir al Dios de Jesús y al dios dinero
Jesús no dice que no “debéis”, sino que no “podéis”…
Es inútil que sigamos intentándolo.
Lo que “tenemos” debemos subordinarlo a lo que “somos”.
……………………

Todo lo que no potencie el ser, es secundario.
Lo único esencial es nuestro verdadero ser.
Lo material, lo biológico, debe ser el soporte de nuestra Vida espiritual;
no debemos rechazarlo como malo, sino utilizarlo bien.
………………………

Si el valor supremo para mí es el dinero o el poder,
mi corazón estará pegado a esas seguridades.
Si he descubierto el “tesoro” escondido en lo hondo de mi ser,
el resto quedará iluminado por su brillo.
…………………

 

Fray Marcos

Posted by GABY | 2 Septiembre 2016

PERO TAMBIÉN PUEDO SER DISCIPULO /A

Podría seguir así,

tirando más o menos como hasta ahora,

manteniendo el equilibrio prudentemente,

justificando mis opciones y decisiones,

diciendo sí aunque todo sea a medias…

Pero también puedo ser… discípulo.

Más que nunca quiero ser dueño

de mis hechos, pasos y vida,

no renunciar a la libertad conseguida,

entregarme a los míos con cariño,

y tener esa serena paz del deber bien cumplido…

Pero también puedo ser… discípulo.

Puedo cargar con mi cruz, quizá con la tuya;

también complicarme la vida

y complicársela a otros con osadía,

hablar de tu buena noticia

y sembrar nuevas utopías…

Pero también puedo ser… discípulo.

Anhelo hacer proyectos,

proyectos vivos y sólidos

para un futuro más humano y solidario;

deseo trabajar, ser eficaz,

dar en el clavo y acertar…

Pero también puedo ser… discípulo.

Soy capaz de pararme y deliberar,

escuchar, contrastar y discernir;

a veces, me refugio en lo sensato,

otras, lanzo las campanas al vuelo

y parece que rompo moldes y modelos…

Pero también puedo ser… discípulo.

Puedo entretenerme en cosas buenas,

agradecer, día a día, mi tarea, mi suerte,

mis amigos, mis estudios,

mi vida sana y solvente;

puedo construir torres y puentes…

Pero también puedo ser… discípulo.

No siempre acabo lo que emprendo;

otras arriesgo y no acierto,

o me detengo haciendo juegos de equilibrio;

me gusta dejar las puertas abiertas, por si acaso.

y la agenda con huecos…

Pero también puedo ser… discípulo.

Florentino Ulibarri

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